Decenas de devotos a la virgen Inmaculada Concepción llegaron hasta la plaza de armas de la ciudad de Macusani, para participar de la misa y procesión de la patrona de los macusaneños.

Fue el párroco Rafael Vargas quién oficio la Santa Misa que por vez primera se desarrolló en plena plaza. En esta ocasión se logró sacar algunas sillas para dar la oportunidad a que las personas mayores puedan escuchar con cierta comodidad la celebración de la misa.

Posterior a ello la sagrada imagen de la Virgen Inmaculada Concepción recorrió el contorno de la plaza de armas acompañado de los feligreses que pedían protección en medio de esta pandemia que aun se vive.

Historia

Una de las tradiciones orales de mayor divulgación desde antaño, es el de la aparición de la virgen inmaculada concepción en estos lugares.

Macusani ya existía desde fines del ciclo XVI, sin embargo, su fundación (1538) se efectuó en el poblado e Huch’uy Macusani que se encuentra a dos Kms. De la cuidad. Sus habitantes se dedicaban a la crianza de ganado vacuno, alpacuno y ovino que pastaban en las inmediaciones de la pequeña villa, especialmente en los pantanosos pastizales que en ese entonces había donde se encuentra hoy el templo, el municipio y la plaza. Este era el lugar donde frecuentaba un niño a pastorear el ganado de su amo.

La cotidiana labor del niño se vio empañada un día en tristeza por llegar tarde a casa. Tal echo causo extrañeza en los amos y a sus padres quienes le increparon por su actitud. Sin embargo, a pesar de las amonestaciones el zagal, en los siguientes días, continúo llegando tarde, lo que, como es de suponer, empezó a preocupar a los de la casa; y ante las incriminatorias interrogantes por esa conducta, el niño, temiendo no le crean, conto la aparición de una muy linda que le hacía jugar y lidiaban los toros que pastoreaban.

Incrédulo, el amo envió a su hijo para vigilar al pastorcillo, sin que este lo notara.

Desmontando del caballo, sigilosamente, el joven se apresto desde Patapampa a observar el lugar donde estaba el niño.

Enorme fue su sorpresa al comprobar lo dicho por el niño. Jugaba y lidiaba a los toros junto a una hermosa dama que vestía de blanco, manto azul y sombrero de paja. El resto de los animales pastaban bien tranquilos.

El joven heredero corrió a dar aviso a sus padres sobre lo que había visto; la versión se extendió como reguero de pólvora en el villorrio motivando comentarios de toda índole.