435373Ningún hincha crema se merecía algo parecido. ¿Cómo soportar la vergüenza de perder y no solo eso: ser humillado en tu propia cancha? Universitario de Deportes tuvo el jueves su partido más desastroso en toda su historia en la Copa Libertadores: ni el hincha más ferviente de Alianza Lima creía en la eliminación.

¿Por qué un equipo que tiene todo para clasificar cae humillado?

Al minuto 14 Deportivo Capiatá ya se había adueñado del partido dejándonos una gran lección: a un partido se va a ganar. A pesar de haber caído por 3 a 1 en el partido de ida jugado en Paraguay los dirigidos por Humberto García la tenían clara: todavía se puede.

Al frente, el DT de Universitario había comenzado el día dando un mal mensaje: ‘Juan Vargas no va a jugar, lo guardaremos para el clásico porque viene de una molestia’. Entre líneas, el técnico señalaba que la clasificación estaba asegurada y que no había la necesidad de contar con el volante, aunque no más importante, sí el más determinante.

Y claro que había razones para estar confiados, pero eso estaba permitido solo para los hinchas, quien sabe si también para la prensa. El comando técnico y los jugadores tenían la obligación de pensar que nada estaba ganado aún. Así fue que llegó el primer minuto y ninguno de los 11 titulares mostró el temperamento del partido de ida. El exceso de confianza los hizo pensar que la llave había acabado hace una semana en Paraguay.

El primer gol resume todo el partido. Un ataque de Capiatá se convierte en una pesadilla para la defensa crema. Galliquio tiene la oportunidad de botar el balón lejos de su área pero no lo hace. Entonces viene un centro preciso de Irrazábal que encuentra la cabeza de Roberto Gamarra. Giordano Mendoza y Joaquín Aguirre solo saltaron para la foto. Carlos Caceda igual, aún sigue dando pasos pequeños para ver si llega al balón. Pero lo peor aún estaba por llegar.

Luego del gol todos se miran y ninguno reacciona. Nadie, ni siquiera Alberto Rodríguez, ante la falta de Juan Vargas, asumió el papel de líder y ‘guapeó’ a sus compañeros . El fútbol es una combinación de trabajo y temperamento y ante la falta del primero, la ‘U’ debía apelar, –por lo menos– a ese sentimiento que los caracteriza. La garra nunca vino y lo que observamos fue un equipo que en cada uno de los tres goles recibidos agachó la cabeza, gritando en silencio que esto termine de una buena vez.