DURA REALIDAD. En zonas donde predomina la enfermedad, las madres prefieren trabajar o dedicarse a la agricultura antes que alimentar adecuadamente a sus hijos, refirió el personal de la Dirección Regional de Salud de este departamento altiplánico.

Es común que en el puesto de salud del distrito puneño de Atuncolla se encuentren historias clínicas de niños que padecen anemia, como el caso de Ayira, de apenas 9 meses. Su madre la llevó a inicios de marzo. Estaba soñolienta. El personal médico la sometió a varios exámenes y los resultados concluyeron que tenía anemia moderada.

Casi un mes después llegó Gresi, de apenas 8 meses. Fue detectada con similar cuadro. En ambos casos tenían deficiencia de hierro. La ausencia de este micromineral provoca en el niño cansancio, fatiga, palidez y consecuentemente bajo nivel de rendimiento.

Según el personal médico del puesto de salud, este mal tiene que ver con la cultura alimenticia de los pobladores del sector rural. Por falta de medios económicos prefieren ir a trabajar a la ciudad y no les proporcionan alimentación adecuada.

“Si no es eso, se van a trabajar a la chacra para el autoconsumo y a los niños les dan una sola vez alimento basado en carbohidratos o sopas”, aseguró la doctora Maritza de la Cruz.

De historias como estas están tabulados los altos índices de anemia en la región Puno, que en el 2017 alcanzó al 57% de niños menores de tres años, según datos oficiales de la Dirección Regional de Salud.

El distrito de Atuncolla tiene un alto índice de anemia. En este pueblo ubicado al norte de la ciudad de Puno, seis de cada diez niños padecen esta enfermedad.

Pero hay zonas más críticas. Es el caso del distrito de Capazo, en la provincia de El Collao-Ilave. Pese a la estrategia aplicada por el sector Salud todavía ocho de cada diez niños sufren de este mal.

Blanca Pérez Muñoz, coordinadora de la Estrategia Nutrición de la Dirección de Salud en Puno, precisó que en comparación con años anteriores los índices bajaron considerablemente. Recordó que en el 2013 en el distrito de Ajoyani, provincia de Azángaro, el 100% de niños tenía la enfermedad, pero al 2017 bajó a 23%.

“Este problema se mantiene porque en el sector rural se prefiere consumir papa, chuño, arroz o fideos. Eso se debe a la distancia en que viven que no les permite estar cerca de un mercado. Otro factor es que solo consumen lo que producen debido a que su economía se basa en la agricultura en pequeñas parcelas”, afirmó.

La nutricionista de la Dirección de Salud Puno, Noemí Ayma Flores, insistió en el factor cultural.

“Cuando se les reparte las chispitas que combaten la anemia y la desnutrición, hay reticencia a su consumo. Asumen que por no costarles, se les está dando cualquier cosa. En otros casos cumplen las indicaciones solo uno o dos meses”, sostuvo.

Pese a las cifras de la Dirección Regional de Salud de Puno, la nutricionista aseveró que en el altiplano la anemia se redujo significativamente.

Dijo que los cambios llegaron con las charlas de buena alimentación a las madres y el encargo que recibió el personal de salud de monitorear en determinadas comunidades sobre los nuevos hábitos alimenticios que deben adoptar las madres con sus hijos.

Ayma alegó que combatir la anemia debe ser una tarea de todos los sectores. De lo contrario las cifras se mantendrán.❧

EN CIFRAS

65%

de niños de las provincias de Chucuito y San Antonio de Putina tienen anemia, según la Dirección Regional de Salud.

64%

de menores de la provincia de San Román presentan la enfermedad.

62%

es la cifra de pequeños con anemia de la provincia de Azángaro.

61%

de niños están afectados en la provincia de Lampa. Le siguen Melgar, Carabaya, Moho, Puno, Yunguyo, Sandia, Huancané y Collao