A mediados del siglo XVII, cuando la reina Ana María de Austria gobernaba España, puesto que su hijo, el rey Carlos II, era apenas un niño para dirigir el imperio, envió un cuadro de la Virgen como regalo a la Villa de Medellín, que iba creciendo en el número de fieles católicos.

La reina, que ayudó en las tareas evangelizadoras que la Iglesia tenía en América, entregó este cuadro con la imagen de la Virgen de la Candelaria, o también conocida como Nuestra Señora de Candelaria, cuya advocación mariana se origina en Tenerife.

La Virgen es hoy homenajeada por la población de este territorio que se levantó con el nombre de Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín, en honor a la actual patrona de la ciudad, que incluso está en su emblema heráldico.

La Virgen de la Candelaria –o de las candelas, como se le decía por la época– era una devoción de los marineros europeos, que se encomendaban a ella para enfrentar los misterios del mar. Así fue como pasó de los barcos a las calles de una ciudad en donde se le hace oración y alabanza cada día.

El cuadro se mantiene expuesto en el altar de la iglesia de la Candelaria, en el centro de Medellín, donde cada día, antes de la pandemia, unas 4.000 personas reciben el evangelio y la comunión. Al lado de la iglesia, por donde pasa el metro y en medio del caos de la ciudad, los fieles dicen que la Virgen es milagrosa.

Festejo por la Virgen

El 2 de febrero es el día elegido para celebrar el día de la Candelaria en Colombia.

Existen documentos históricos que reseñan que en 1630 existía la Cofradía de Nuestra Señora de la Candelaria, que desde ese año comenzó a celebrar las fiestas de la Virgen.

El ejercicio ha sido el mismo aún después de 400 años: pasear el cuadro de la Virgen, que tuvo una primera restauración en 1819, y que representa la purificación de María en el templo de Jerusalén tras el nacimiento de Jesús.

Esta es una fiesta religiosa popular y coincide justamente con la fecha en que los antepasados conmemoraban el primer día del año azteca, el cual está dedicado a Chalchiuhtlicue, Tláloc y Quetzalcóatl, los dioses que en la mitología representan los lagos, las corrientes de agua, la lluvia y el viento.

Esta es una celebración en la que se le hace tributo o alabanza a la imagen de la Virgen, la presentación de Jesús en el templo y su purificación.

La fecha tiene una larga tradición en el país, especialmente en Medellín; Guarne, un municipio de Antioquia; Magangué, Santander, Boyacá, Magdalena y Cartagena de Indias.